1. Infórmate de lo que compras:
Es necesario saber el origen de los alimentos que consumimos, tanto en los relativo a la forma de producirlos (impactos ecológicos), como en las condiciones laborales y los efectos sobre la soberanía alimentaria de los países periféricos. Para ello, puedes consultar páginas webs y documentos que se recogen en el apartado de enlaces recomendados.

2. Defiende los derechos del consumidor/a:
Para saber nuestros derechos como consumidores/as y exigir que se cumplan, puedes contactar con asociaciones de consumidores/as, especialmente en lo relativo a la transparencia informativa sobre los alimentos que compramos, en la que debe de haber un etiquetado que especifique procedencia, presencia de aditivos o transgénicos, etc. Se puede denunciar la publicidad engañosa como en el caso de productos funcionales que aducen beneficiosos efectos sobre la salud, con efectos adelgazantes o anti-colesterol por ejemplo, para las que no existe demostración científica que lo corrobore.

3. Cambia tus hábitos de consumo:
La alimentación tiene una parte directa con nuestra salud, por lo que apostar por una dieta equilibrada y sana, libre de tóxicos y transgénicos, será de enorme importancia.

Consume alimentos de temporada de cultivos autóctonos, que respetan los ciclos vitales de los vegetales y las variedades adaptadas a las condiciones ambientales de los ecosistemas agrícolas, atesoradas gracias a los saberes tradicionales de campesinos y campesinas generación tras generación.

Prioriza la compra de alimentos frescos y, en caso de ser transformados, aquellos en donde el proceso de fabricación se haga tan cerca del productor como sea posible y con criterios de justicia social y sostenibilidad. Y, en ningún caso, una transformación hecha por las grandes empresas multinacionales que promueven un comercio injusto y un consumo insano e irresponsable.

Compra en mercados de abasto, mercadillos, pequeños comercios de pueblos y barrios de las ciudades, que permiten mantener vivo la economía local, el tejido social y la relación de vecindad que da sentido a las relaciones comunitarias.

4. Elige productos y servicios cercanos, locales
Prioriza los alimentos frescos y locales, ya que se reducen los transportes innecesarios de largas distancias, se potencia la viabilidad de la producción local de temporada y se contienen los procesos de éxodo rural que dejan el agro en situación de abandono y concentran la población en las grandes ciudades. Mejor aún si consumimos productos de circuitos cercanos y de agricultura ecológica, generados evitando impactos en los ecosistemas y fomentando el mantenimiento de la biodiversidad, además de mucho más saludables al estar libres de tóxicos y transgénicos. Para disponer de los alimentos de temporada todo el año, podemos hacer nuestras propias conservas y mermeladas que nos autoabastezcan sin depender de productos procedentes de países lejanos o cultivados en invernaderos en donde el único criterio es el incremento de productividad.

5. Elige productos ecológicos
Elige alimentos procedentes de cultivos agroecológicos, que respetan los ciclos vitales de las plantas dentro del ecosistema, potencian la biodiversidad, gestionan adecuadamente el suelo y el agua de riego, no producen contaminantes al no utilizar sustancias tóxicas o transgénicos que pueden acumularse en los ecosistemas y en nuestro organismo, produciendo efectos impredecibles a largo plazo. Una forma de cultivar que se independiza del uso masivo de insumos procedentes de los combustibles fósiles: minimizando el transporte de larga distancia, eliminando el uso de petroquímicos, pesticidas y herbicidas, así como disminución en el uso de plásticos.

En el caso de la carne, consúmela proveniente de ganadería ecológica, de forma que se garantiza que los animales domésticos tengan condiciones de vida acordes con su bienestar, no estabulados, tratando las enfermedades de manera respetuosa con los animales, evitando el uso de piensos procedentes de monocultivos y transgénicos y preservando razas autóctonas propios de los ecosistemas rurales.

Consume pescado procedente de una gestión sostenible de los caladeros de pesca de forma que no se fomente el agotamiento de los recursos del mar, en alarmante situación de retroceso debido al incremento de estos productos en la dieta de los países centrales. Si compras pescado procedente de piscifactoría, asegúrate que no se han utilizado piensos de transgénicos en su dieta y que se distribuyen de zonas cercanas. Muchos langostinos, salmones, percas…, muy baratos en nuestras pescaderías, proceden de un tipo de acuicultura y pesca devastadora para mares y lagos, así como para las comunidades locales.

6. Elige productos que disminuyan la injusta distribución de la riqueza
Prioriza aquellos alimentos que comporten una remuneración digna y adecuadas condiciones laborales (derechos sindicales, horarios, posibilidad de conciliación vida laboral, personal y familiar…) para todas aquellas personas que participan en la cadena (producción, distribución y venta).

En el caso de los productos de otros países lejanos que hemos incorporado a nuestra dieta (café, chocolate, té, frutas tropicales,…) debemos comprarlos en cooperativas de comercio justo de forma que se asegure la misma justicia social y calidad medioambiental que exigimos a los productos locales que se producen en los países enriquecidos.

Es especialmente problemática el fomento acuicultura en zonas de manglares que lleva consigo la desorganización de las economías locales de pescadores tradicionales y, con ello, el empobrecimiento de las comunidades costeras, en beneficio de unas pocas multinacionales del sector.

7. Reduce para vivir mejor
Disminuye el excesivo aporte de grasas, lácteos y proteínas animales en tu dieta, debido a los efectos sobre nuestra salud (colesterol, obesidad,…) y los impactos ecológicos que generan sobre el planeta (deforestación para pastos y cultivo de piensos, incremento de cambio climático por emisiones de metano, sobreexplotación y contaminación de agua y suelo, pésimos balances energéticos para el mismo aporte calórico de los alimentos,…). El excesivo consumo de carne en los países enriquecidos tiene un efecto devastador sobre el planeta. Rechaza alimentos procedentes de la acuicultura industrial, tales como langostinos, salmón, trucha,… que ocasiones graves problemas ambientales y tienen efectos desastrosos sobre la soberanía alimentaria de países periféricos costeros.

Evita alimentos envasados y embalados, especialmente aquellos de difícil reutilización y reciclaje tales como plásticos, bandejas de poliespan o aluminio. Rechaza las bolsas de plástico de un solo uso, lleva una bolsa de tela que se podrá utilizar durante mucho tiempo. Reduce los alimentos procesados industriales ya que, poseen aditivos, conservantes y estabilizantes, de efectos impredecibles sobre la salud y suponen la utilización de más energía en el proceso de fabricación, envasado y conservación.

Elude la “comida basura”, controlada fundamentalmente por grandes multinacionales del sector, toda una colonización uniformizadota a escala planetaria, contrapuesta a la dieta mediterránea, mucho más sana, propia de nuestra cultura, más próxima a las variedades alimenticias locales adaptadas al territorio, fomentando la biodiversidad y el apoyo a economía agrícola rural.

Rechaza la publicidad en la alimentación ya que sólo las grandes multinacionales del sector pueden permitirse los costes de la misma, mientras que una alimentación de calidad está en manos de los/las pequeños/as productores/as y en las tiendas y mercados de barrio. Boicotea a los alimentos con riesgo de poseer transgénicos, dados los efectos impredecibles que tienen sobre la salud, los ecosistemas y las comunidades rurales que producen los alimentos. Para saber si tus alimentos tienen transgénicos puedes consultar la lista elaborada por Greenpeace 1, de forma que puedas elegir de forma responsable. No compres en grandes supermercados y cadenas de alimentación, causantes de un comercio injusto, irresponsable e insostenible, con gran precariedad laboral para sus trabajadores y trabajadoras, en beneficio de unas pocas corporaciones del sector alimentario que imponen las reglas internacionales que favorecen sus intereses a costa del empobrecimiento de poblaciones locales campesinas e indígenas e impactos ecológicos devastadores, sin beneficiar tampoco los derechos de los/las consumidores/as.

8. Presiona a instituciones y empresas insostenibles
Las actuales leyes del mercado impuestas internacionalmente, suponen el control de la alimentación mundial por parte de unas pocas trasnacionales, lo que lleva asociado el empobrecimiento de millones de campesinos/as, empleo precario, el control de patentes sobre la vida (biopiratería) y la descontrolada introducción de tóxicos persistentes y transgénicos de efectos sociales, sanitarios y ecológicos impredecibles. Para mostrar nuestro desacuerdo podemos participar en acciones de calle, boicots, ciberacciones, etc. que reivindiquen posibles cambios en la legislación del sector o visibilicen los problemas sociales y ecológicos causados por las multinacionales del sector alimentario.

9. Colabora en proyectos de consumo crítico y responsable
Existen muchas alternativas en este sentido en los que podemos participar, a través de nuestros propios cambios de hábitos alimenticios, que pueden fomentar a su vez transformaciones hacia un modelo más sostenible y equitativo socialmente. Participar en grupos de consumo ya existentes, colaborar en los huertos urbanos de tu barrio o bien buscar recetas de cocina con productos de temporada, entre otros, pueden ser una buena opción.

10. Construye alternativas de consumo
Ponte “manos a la obra”. Crea grupos de consumo o cooperativas de producción ecológica, cuyos criterios generales son: relación lo más directa y humana posible entre las personas que consumen y las que producen, fomento de la relación producción-consumo local, impulso de unas condiciones de trabajo y de vida dignas para quienes producen, ausencia de especulación en los precios, preferencia por un consumo de productos locales y de temporada producidos de forma ecológica y sin embalajes, intentando que éstos sean reutilizados, autoorganización de los propios consumidores.

Puedes asociarte con cooperativas de comercio justo que aseguran que los alimentos procedentes de países periféricos han respetado la soberanía alimentaria de los pueblos campesinos y han recibido un salario justo por su trabajo. Aunque potenciemos el consumo local, determinados productos que no se producen en territorios próximos como el café o el chocolate, pueden ser obtenidos en condicionas justas con los/las agricultores/as.

Producir parte de tus propios alimentos en un huerto propio, uno compartido comunitariamente o, en su defecto, en nuestras terrazas o azoteas, puede ser enormemente gratificante y creativo.

Ecologistas en Acción, Ingenios de Producción Colectiva

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