Cita

Artículo de la Asociación Vida Sana.
LOS ALIMENTOS MÁS SANOS

“BIO” PARA ENFERMOS, CONVALESCIENTES, EMBARAZADAS, NIÑOS…
La sociedad, hoy, quiere consumir sano. Pero, a veces, no sabe cómo empezar. La publicidad engaña a los consumidores. Una ciencia al servicio del hombre conduce a la conclusión de que los alimentos biológicos son los más sanos se mire por donde se mire.

El Dr. Thomas Rau y Susan Wyler, en su libro La dieta Detox para cuerpo y mente (El secreto de una óptima salud natural), publicado por RBA/Integral, señalan: “Para que una persona se sienta más vital y pueda curarse y desarrollarse, su entorno interno ha de tener dos propiedades fundamentales: tiene que tener fluidos que fluyan por todo su cuerpo –sangre y fluidos linfáticos- y, además, los fluidos intercelulares que rodean a cada célula tienen que ser ligeramente alcalinos para poder contrarrestar la acidez, que es un subproducto natural del metabolismo celular; y la flora intestinal (bacterias) tiene que mantenerse intacta y sana”. Y añaden: “Sin ese ‘suelo fértil’, tarde o temprano, acaba apareciendo la enfermedad, cuando el equilibrio se rompe y la persona pierde su capacidad de restablecerlo, normalmente como resultado de varios ataques al sistema. Si quiere, podemos llamar a estas ‘fuerzas demoníacas’… ‘carga tóxica’. Muchos problemas físicos y mentales, así como una exposición inconsciente a los materiales tóxicos del entorno, pueden hacer que un cuerpo pierda su equilibrio”. La mayoría de nosotros, sobre todo las personas que no tienen profesiones de alto riesgo, entramos en exposición con productos peligrosos a través de la alimentación. A través de una alimentación insana podemos “perder el equilibrio”.

ALIMENTOS PELIGROSOS
Facua.org informa de que: “Los efectos sobre la salud de las sustancias agrotóxicas son muy diversos, dada la gran variedad de su naturaleza química. Actualmente se sabe que algunos de estos efectos se producen con la exposición a dosis ínfimas. La presencia de plaguicidas en los alimentos, a dosis bajas, se relaciona con alteraciones neurológicas y hormonales, esterilidad, asma, alergias, procesos cancerígenos, etc. Sin embargo, a pesar de esto, se han establecido unos niveles permisibles de estas sustancias en los alimentos que, supuestamente, podemos tolerar en nuestra alimentación diaria. El problema se acentúa ya que estas sustancias se acumulan en nuestro organismo (bioconcentración), pues no somos capaces de destruirlas eficientemente, provocando un efecto dañino permanente, interfiriendo en el normal metabolismo del organismo y dificultando su capacidad curativa”. Además, quién dice cuáles son los criterios para discernir qué sustancias son peligrosas y cuáles no. En cuanto a las dosis, ¿cómo evaluar los “cócteles” que ingerimos cada día, cargados de pesticidas, aditivos, colorantes…? Hoy, los estudios informan de que los niños están muy expuestos a determinados productos químicos en su alimentación, ya que ingieren mucha cantidad en proporción a su masa corporal. Por otro lado, si los estudios de “permisividad” de un alimento o de un pesticida… están elaborados a partir de informes sobre personas adultas, sanas, con sistemas inmunológicos fuertes y desarrollados, ¿entonces qué pasa con los ancianos, los enfermos, los niños, las embarazadas, los convalecientes…?

ANTES DE NACER
Facua.org insiste: “Antes de nacer, incluso, llegan estas sustancias a los fetos vía irrigación sanguínea y procedente de la movilización de grasa que realizan las madres, principalmente en la última fase de la gestación, y, posteriormente, en el periodo de lactancia a través de la leche materna”. Libros como Nuestro futuro robado, clásicos de la literatura medioambiental, señalan que los tóxicos han entrado en la cadena alimentaria desde hace años y que están por todas partes. Es absolutamente imposible reducir la exposición a 0 pero sí es viable, a través de una alimentación ecológica, que no incluye productos químicos, al menos de forma intencionada, reducir esa exposición de una forma muy notoria. De los estudios de entidades internacionales como la Organización Mundial de la Salud se deduce que una gran cantidad de enfermedades actuales tienen que ver con malos hábitos alimentarios y con determinadas formas de dieta. Se constata que, en los países industrializados, los sectores poblacionales más desfavorecidos, que consumen productos alimentarios de menor calidad, padecen más asmas, alergias y todo tipo de enfermedades y patologías. Las pandemias de cáncer, de patologías relacionadas con sistemas inmunológicos muy débiles, de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Parkinson… están directamente relacionadas con determinadas formas de alimentación y con los productos químicos que se ingieren en los alimentos. Cada vez son mayores las señales de que determinados alimentos son cargas tóxicas que tendrán un efecto en nuestra salud tarde o temprano. Dosis pequeñas durante periodos más o menos largos pueden ser muy nocivas. En otros números de The Ecologist ya hemos elaborado reportajes sobre productos como el aspartamo, por ejemplo. Pero el problema es que la contaminación alimentaria está en todas partes. Salvo en los alimentos “bio”.

SÓLO UN EJEMPLO
Un estudio publicado en la revista médica británica The Lancet alerta de que 202 contaminantes químicos son tóxicos para el cerebro humano. Sus autores afirman que millones de personas en todo el mundo podrían haber sufrido daños cerebrales en la infancia debidos a esta contaminación ambiental. Los investigadores consideran que los trastornos en el desarrollo neurológico causados por la industria química “han creado una pandemia silenciosa” en la sociedad moderna, porque aunque pueden haber causado daños en el cerebro de millones de niños. Los efectos profundos de esta pandemia no son visibles en las estadísticas sanitarias.
La investigación recopila, en una minuciosa identificación, las sustancias tóxicas para el cerebro humano a partir de los bancos de datos ya disponibles, complementados con investigaciones que han demostrado sus efectos nocivos. La conclusión es que contaminantes como el plomo, el metilmercurio, los PCB, el arsénico, el tolueno u muchos otros productos ocasionan trastornos en el desarrollo neurológico y disfunciones en el cerebro. La exposición a estas sustancias durante el desarrollo fetal puede dañar el cerebro a partir de dosis muchos más bajas que las que afectan a las funciones del cerebro de un adulto.
Los contaminantes neurotóxicos producen cambios en el comportamiento, pérdida de concentración, impulsividad, mayor agresividad, ralentización en la coordinación y daños en la memoria y en la capacidad del lenguaje. “Casi todos los niños nacidos en países industrializados entre 1960 y 1980 estuvieron expuestos a sustanciales cantidades de plomo en la gasolina”, lo que puede haber reducido el porcentaje de niños con un promedio de cociente de inteligencia superior (más de 130 puntos) en un 50%, mientras que han aumentado los cocientes intelectuales de menos de 70, señala el trabajo. No se someten los productos químicos a los debidos controles, las empresas hacen lo que quieren y el mundo humano se ha convertido en un inmenso laboratorio. La mayoría de productos químicos están en la cadena trófica y contaminan productos completamente habituales de nuestra alimentación. El caso publicado por The Lancet es sólo un ejemplo de lo que la contaminación química nos ha deparado hasta la fecha. ¿Otro? La Agencia Española de Seguridad Alimentaria consideró necesario el pasado 15 de noviembre informar a los consumidores de que las hamburguesas XXL de Burger King contienen un pequeño pero significativo aporte de las grasas más tóxicas y peligrosas para la salud.

NOS AFECTA A TODOS
El problema nos afecta a todos y, especialmente, a niños, ancianos, embarazadas… También las personas de salud delicada y los convalecientes de operaciones deberían tener formas de alimentación que excluyeran exposiciones a hipotéticos alimentos tóxicos. Deberíamos hacer todo lo posible para que todos estos colectivos tuvieran una alimentación basada lo más posible en productos de procedencia ecológica y, a ser posible, local. Expertos de la Universidad de California sugieren que las frutas y los vegetales cultivados con métodos ecológicos contienen niveles más altos de antioxidantes.
Los análisis realizados en productos como trigo y zanahorias demuestran que la reducción de pesticidas y herbicidas permite a las plantas producir una sustancia natural, denominada phenolics, que actúa como agente protector de las plantas. Estas sustancias contienen componentes naturales que poseen una actividad antioxidante capaz de combatir enfermedades provocadas por insectos. La aparición de esta sustancia natural disminuye con el uso de herbicidas y pesticidas utilizados en la agricultura convencional. “Esto explicaría por qué los niveles de antioxidantes son más elevados en alimentos ecológicos”, asegura el profesor Mitchell, uno de los responsables del estudio, publicado en Journal of Agricultural and Food Chemistry. Los antioxidantes están especialmente recomendados para prevenir las enfermedades. Pero no sólo para ello. Sino también para reponer a nuestros organismos una vez que las enfermedades ya han parecido. Cada vez son más los médicos que recomiendan los productos ecológicos cuando se presentan ciertos problemas de salud, como parte de la terapia para restablecer el equilibrio del organismo. El prestigioso especialista Pedro Ródenas, por ejemplo, habitual de nuestras páginas.

“BIO” EN LOS HOSPITALES
En un acuerdo entre MedAssets y UNFI (United Natural Food Incorporated), publicado recientemente, se establece la posibilidad de que los hospitales de EE.UU. compren alimentos biológicos en un futuro.
UNFI es el mayorista de alimentos biológicos más importante, con acciones cotizadas en bolsa. Este acuerdo es el primero de esta categoría entre uno de los compradores principales del sistema sanitario como es MedAssets y un mayorista ecológico de alimentación, lo que demuestra la demanda creciente de alimentos saludables. Esto se debe, además, a que informes de todo tipo promueven la idea de que los alimentos ecológicos ayudan a restablecer más rápidamente la salud entre personas operadas, enfermas, tratadas con terapias muy agresivas… La práctica que se anticipa en USA debería ser una constante también en España, Europa y en todo el planeta. También las embarazadas, los bebés y los niños, así como los ancianos, deberían tener una dieta muy ecológica y equilibrada, ya que son colectivos muy vulnerables a la exposición a determinados productos químicos presentes en alimentos de mala calidad. De la misma manera, hay que incluir los alimentos ecológicos, con toda urgencia, en las guarderías, en los caterings de los comedores escolares, en los centros públicos, en las maternidades… También, en la docencia. Los profesores deben informar sobre nutrición en las escuelas. Todo lo relacionado con la agricultura ecológica debe ser una realidad aplastante en la sociedad, y no al revés. Sin alimentación sana no puede haber sociedad ética.

MUCHA MÁS SEGURIDAD
Los alimentos producidos en sistemas ecológicos tienen mayor seguridad alimentaria, calidad biológica, nutricional y organoléptica que los alimentos convencionales, como muestran ya un importante número de investigaciones, contribuyendo de esta forma en gran medida a preservar la salud pública. Los estudios con seres humanos y con animales alimentados con productos ecológicos demuestran efectos reales sobre la salud, y las terapias alternativas del cáncer han logrado buenos resultados basándose en el consumo exclusivo de alimentos orgánicos (Independent Science Report, 2007). Las terapias nutricionales del cáncer buscan evitar en lo posible contaminantes y toxinas, y promueven el consumo exclusivo de alimentos orgánicos y aumentos en la ingesta de nutrientes. Estudios de alimentación animal también demostraron mejor salud reproductiva, mejor crecimiento y mejor recuperación ante enfermedades.”
Por otro lado, una investigación en la Universidad de California se ha centrado en los tomates y han analizado la composición de distintas cosechas de los dos tipos (ecológica y convencional) a lo largo de 10 años. Los resultados han sido demoledores y han demostrado que los ecológicos tienen entre un 79 y 97% más de flavonoides, quercitina y camferol que los convencionales. Y sabemos que el consumo de estas sustancias está relacionado con una incidencia menor de enfermedades cardiovasculares, deterioro cerebral y cáncer. “Cada día la gente es más consciente de que al comprar productos ecológicos (que todos sabemos que son más caros… lo que estamos haciendo es ahorrar porque estamos comprando salud, por lo que a la larga sale barato. Son elementos más saludables, ricos en nutrientes, mucho más sabrosos y protegen nuestra salud”, ha dicho el naturópata y osteópata Facundo Vergara.

RESTABLECER EL EQUILIBRIO
Volviendo al libro que comentábamos al principio de este artículo, el Dr. Thomas Rau ha escrito. “Mi medicina es muy simple: como un buen agricultor orgánico que cuida el suelo que cultiva como un jardín, mi objetivo es alimentar las sustancias básicas del cuerpo de todas las maneras posibles, pero, principalmente, a través de la dieta, para que todos los nutrientes necesarios para tener una buena salud sean absorbidos y utilizados lo más eficientemente posible. Esto hace que las defensas naturales aumenten y florezcan. Al fin y al cabo, nuestro cuerpo es el que hace todo el trabajo. Piense en este proceso como ‘una curación profunda’”. El doctor recomienda, como ya muchos otros doctores en todo el planeta, que los enfermos y los aspirantes a no estarlo nunca consuman sólo productos biológicos. Si pueden ser locales, mejor. Si pueden ser de temporada, más todavía. Que tu alimento sea tu medicina. Si la frase es tan antigua, ¿quién nos ha hecho olvidarla? Los colectivos citados, o sus responsables, deberían tomar en cuenta más que nadie las premisas del Dr. Rau. Repitámoslo una vez más. Como se nos informa desde BioSegura, “estudios constatan que, en comparación con el cultivo convencional, los alimentos biológicos tienen hasta un 18% más de proteínas, un 19% más de azúcares totales, 28% más de vitaminas y un incremento sorprendente de minerales y oligoelementos como el hierro o el magnesio entre el 15 y un 70 % más”. ¿Está claro por qué cada vez más especialistas recomiendan la alimentación orgánica a enfermos, convalecientes, embarazadas…??

Anna Vil.la
CONSUME SANO 
CUÍDATE…
•Compra productos procedentes de la agricultura ecológica. Familiarízate y exige la etiqueta que certifica la autenticidad del producto ecológico.
•Elige productos ecológicos certificados procedentes de la ganadería ecológica como carne, huevos, leche y queso.
•Recuerda que la relación directa que se establece con los agricultores ecológicos nos permite conocer el grado de concienciación medioambiental de los mismos.
•Elige preferentemente productos procedentes de la agricultura ecológica frente a los productos con aditivos o los procedentes de explotaciones agrícolas intensivas.
•Consume alimentos frescos y naturales, de productores locales y con un mínimo embalaje. Al consumir productos de temporada se facilita que estos provengan de la actividad agrícola local. De esta manera se evitan los impactos ambientales derivados del trasporte de largas distancias y de la producción agrícola intensiva.
•Crea tu propio huerto. Cultiva en tu terraza o en tu balcón. Promueve la agricultura ecológica entre tus vecinos. Crea cooperativas de consumo…
OJO CON LO QUE CONSUMES
MIRA LAS ETIQUETAS O CONSUME SÓLO “BIO”
Los riesgos y consecuencias de la alimentación convencional.
•Contaminación con productos químicos, tanto los que se utilizan en los procesos de producción como son los pesticidas, herbicidas, hormonas, etc., así como los que se emplean en la fabricación y conservación de los alimentos, a los que se les incorporan cantidades de aditivos de síntesis.
•Pérdida de calidad nutricional de los alimentos producidos a base de fertilizantes químicos y otras sustancias de síntesis.
•Acumulación de ciertas sustancias muy tóxicas como los nitratos (principalmente en vegetales).
•Empleo de sustancias nutritivas de baja calidad y con efectos deletéreos para la salud como pueden ser las grasas hidrogenadas que se emplean en la fabricación de bollerías.
•Pérdida de calidad y sabor de los productos.
GARANTIAS DE LA PRODUCCION ECOLÓGICA
LAS GARANTÍAS…
•Un reglamento europeo (2092/91/CEE) que establece los procedimientos a seguir en la Agricultura, Ganadería e Industria Ecológica. Destacar que es el único sistema de producción agrícola regulado en todos los países miembros por un único reglamento.
•Cada país adapta y establece su reglamento a partir del Europeo, pero siempre cumpliendo sus mínimos.
•Existen órganos de control y certificación de las producciones ecológicas autorizadas por las autoridades de la administración competentes de cada país. En España son las Consejerías de Agricultura de las Comunidades Autónomas los organismos competentes.
•Existe un sistema de trazabilidad de todas las producciones ecológicas.
•Todos los productos ecológicos tienen que estar identificados, con el logotipo de la certificadora pertinente.
•Existen regulaciones para la exportación e importación de productos ecológicos.
•El periodo de transición de la tierra es como mínimo de dos años antes de certificarse como ecológica la producción.
•Está prohibido el uso de plaguicidas como: insecticidas, acaricidas, fungicidas o herbicidas de síntesis, así como fertilizantes químico sintéticos.
•Se recomiendan métodos agrícolas que protejan el medio ambiente y potencien las funciones ecosistémicas.
•Los aditivos para el procesamiento industrial de los productos ecológicos está muy regulados y son por lo general de origen natural.

En la producción animal también se consideran un grupo de reglamentaciones adicionales entre las que se encuentran:
•La prohibición del uso de antibióticos, y sustancias de síntesis en los alimentos de los animales.
•La prohibición de la medicación alopática y las vacunas no justificadas.
•La producción animal está ligada a la tierra.
•El empleo de sistemas de manejo que reduzcan el estrés y permitan expresar el máximo del comportamiento natural de los animales.
•Se recomienda el empleo de razas autóctonas y adaptadas.
•Alimentación balanceada y de calidad basada en alimentos ecológicos.
•Acceso al pasto, forraje y ejercicio funcional.

Los alimentos “bio” son los más sanos

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